**Ninfa**

Brillando sobre su silueta, blanquizca y confusa entre la turbulencia de aquel río, desnuda y sin penas que la vistan, cantando las canciones que sólo sus hermanas conocen, se encuentra lavando su largo cabello, su piel reluciente y su rostro radiante, una solitaria figura bajo la frezca cascada.
La noche la ha despertado, las flores le han seducido a jugar consigo misma, sobre las rocas, sentada. Despeinando su cabeza, mirando la oscuridad, no tiene más que sentirse viva.
Salta de un lado a otro, con sus pies finos, descalzos; haciendo lucir su cuerpo, delgado, luminoso; sus vírgenes senos, agitando las aguas con la alegría de su danza ancestral.
Su sonrisa blanca se desvanece, como se va despidiendo de la noche, y regresa a su lugar, bajo la catarata.
Mira el cielo, las estrellas le mandan su caricia, y desaparece entre los llantos contentos de la corriente.
Retorna a su guarida, dispersa en el rocío de las hojas, de los pétalos difusos conforme el río crece y crece, para volver a vivir una noche más.









